VOLVER A LO INVISIBLE

Volver a lo invisible,

donde tú y yo no existimos,

los “todavía no”, “aún hay que esperar”.

Los ríos, árboles, cabañas, piedras,

mecen nuestra imagen imaginada.

Las aves cantan una canción inventada,

llamándonos.

Ecos de luces en la noche

dibujan nuestros rostros,

muy lejos de la bóveda terrestre.

Tú y yo no existimos.

Sin embargo, Somos invisibles.

somos la nada.

somos el ayer y el mañana.

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Artista

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Estar cansado de caminar, ver parajes lejanos y pensar que se quiere llegar, más no es el momento. Una taza de café espera por ella en su triste casa de alquiler, donde el muchacho que ayer regresó ríe una risa triste que los gatos a veces pueden comprender. Ayer estaba sola, decaída, como muerta, mientras en los arrabales de la ciudad el joven tomaba un autobús en dirección hacia ella, hacia la suerte que un día tuvo y que piensa que puede volver.

Nada más entrar, se percata de la situación: Una llave sobre la mesa, el pincel de siempre con sus cuadros a medio pintar. La llama encendida en el hogar… Y sin embargo un llanto llega desde el fondo del apartamento. Es quizás el preludio de una mala sorpresa, piensa él. Así que se adentra en el umbral y, viendo bajar aquella mirada oscura que le acariciaba las tardes de lluvia en el desván, hacía un año escaso, aquellos ojos que traspasaban todo lo que él podía tocar, estaban sumidos en silencio, mientras él sufría por dentro el vertiginoso pensamiento que lo inducía a adelantarse un poco más.

¿Quién llora así?, pregunta, intentado despreocuparse por la sentencia que escuchará. La mira sin reciprocidad, cubierta la cara de ella por el velo del miedo. El camina despacio, observando las paredes, siempre desnudas, siempre lechosas, que le recuerdan a espejos bañados de escarcha…
Cuando llega a la habitación de sus recuerdos se sorprende al ver a un viejo sentado sobre la cama de edredón nuevo, apoyado sobre sus propias manos, escondiendo lágrimas que no sabe de qué sal están hechas, ni a qué pueden saber.

“Pasaba por aquí”, le espeta al anciano. No sabe quién es. De repente recuerda los dos cuerpos enrollados entre las sábanas. Y su pecho respira hondo, mientras su corazón se enfurece.

Cartas abiertas del destino. Lluvias efímeras de sed interminable. Cantos al oído de un viajero dormido. Así ha pasado la historia de su amor triste.

Y se va, mientras en vano los ojos de ella se izan e imploran atención. Se ha equivocado, pensaba que podría …. que quizá…. Y baja las escaleras tan rápidamente que parece que vuela, bajando, bajando. Interminables peldaños: la tarde de las rosas; el Domingo de los besos; el momento de las risas, aquellas risas mirando por el balcón. Peldaños, más peldaños. Se van aquellos ojos, se pierden en la bruma, en su amargura, y le recibe la calle como una bofetada, el sol repentino es otra bofetada, el claxon impertinente, los niños pidiendo limosna. Es el destino, se dice, se lo dice cien veces mientras cruza aceras rápidamente, y parques y avenidas hasta llegar tan lejos que ya no sabe cómo regresar.

Y mientras, ella retoma, en sus manos, aquel lienzo. Con el pincel de nuevo en las manos, espera. Y el anciano sigue llorando, mientras ella va escuchando el sonido que intenta pintar.

Imagen:  Pastel’s Daughter by Hugh Shurley – © Hugh Shurley/Corbis

Camino (II)

Me he sumido en tus estrellas,

en el polvo del desierto,
viajando sin fin por tus deseos;
caminos olvidados, reencontrados,
en aquellas noches de dunas frías,
de almas cálidas,
tan cálidas como ese corazón que bajo mis pies palpita.
Las gentes seguían mis pasos, mientras los míos luchaban
contra los huecos de la arena,
mis propias dudas,
el eterno enigma de la vida,
andando, sintiendo el viento entrar por mis venas,
susurrándome un canto apenas perceptible.

Te he seguido, camino.
Tus huellas parecían enredarse en muchas voces.
A veces creía que te habías perdido,
camino.

Y mientras unas manos suaves cerraban mis ojos,
yo te veía,
auscultando el pensamiento de mis noches agitadas.
De las sombras inmóviles que yacían hasta la madrugada.

Te seguí, a través de esas dunas suaves, del sol de mediodía,
hasta llegar al mar,
donde la espuma lanzaba sus perlas tan lejos como el faro de otras vidas,
tan lejos que perdí el destino,
recobré mi presente,
y me embriagué de él.

Y ahora te he recorrido,
conociéndote en tu senda que va hacia arriba,
amparándote en la que va hacia abajo,
ese camino mío,
lento, difícil,
ese camino mío…
que es tuyo,
latido de la vida.

 

Imagen: Leave Taking, por Michael Whelan
© Texto propiedad del Autor

SORPRESAS

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Una sorpresa,

Tu nombre me envía una misiva.

Una invitación sorpresiva.

Tristemente,

no podré asisitir.

Pero no muero, pues tus palabras

me hacen vivir.

Saber que, desde lejos,

me escribes, envías peticiones

por estas lides….

Y ya ves que te respondo,

con un no rotundo, que suena a triste lamento

como aquella vez, cuando me fuí, y el viento

besó mis lágrimas.

Quizás hoy todo haya cambiado,

esa fotografía en la que ambos aparecemos

de niños, donde los dos sabemos

la deuda que hemos contraído.

Protegernos, cuidarnos,

tal vez amarnos de nuevo,

tal vez comenzar, como en un sueño

de magia malabar.

No podré verte,

ni sentir tus manos, al escribir

ni podré ver tus ojos, ni sentir

que el odio se tornó hace tiempo

en dulce recuerdo.

Pronto sabrás de mí,

sabrás que siempre me tuviste,

que se acabó el tiempo triste

tuyo, mio, del destino.

El juramento lleva un corazón

que rige el diapasón

de nuestra eternidad.

Imagen: Las Zapatillas Rojas (1948)

Texto: ©ConMuchoGarbo.wordpress.com

A surprise, Your name sent me a letter. A surprise invitation. Sadly, I can not attend. But I do not die, for your words make me live. Knowing that, from afar, you write to me, you send requests to this side of the world … And you see that I answer you, with a resounding no, that sounds like a sad lament like that time when I went away, the wind kissing my tears. Perhaps today everything has changed, that picture in which we both children, we appear, where we both know the debt we contracted. To Protect, to take care of each other, maybe to fall in love again with each other, maybe to start anew, as in a dream of Malabar magic. I won’t be able to see nor feel your hands writing, I won’t see your eyes, or feel that the hatred that we felt a long time ago transformed into a sweet memory. Soon you will know about me, you will know that you always had me, that this sad time of yours, of mine, of destiny, is over. The oath carries a heart that governs the pitch of our eternity. Image: The Red Shoes (1948) Text: © ConMuchoGarbo.wordpress.com

CORAZÓN CERRADO

Grazie prigioniere

Un corazón cerrado,

Cerrado a cal y canto.

Una puerta cerrada,

siguen las llamadas…

 

Media sonrisa,

Medio saludo,

Media cosquilla…

 

Muchos perecieron así,

Cerrados en sí mismos,

Sin importarles la razón

De tanto silencio,

Caras largas,

Prisas por llegar primero,

Últimos en acariciar los cabellos

De la Gran Dama de Amor.

©Con Mucho Garbo