Primer Viaje a Alejandría

Image2

 

Aquella mañana nos fuimos a visitar el cementerio local. Unos nombres inscritos sobre las lápidas nos llamaron la atención: Azzellini, Menna, Fummo, Piccoli, Sawna, Vita, Laterza, Lombardo, Schiarabah, Armarego…

Nos fuimos adentrando en los jardines donde las fosas todavía estaban vacías, o cubiertas por una capa fina de arena, signo que mostraba que esperaban ser llenadas por difuntos que todavía reían, o soñaban, en compañia de los suyos. Sin saber que nosotros estábamos siendo testigos de sus declives fulminantes o de los largos y terribles males de la vida humana.

Otro nombre que nos llamó la atención fué el de la “Famiglia” P. Capponi, un mausoleo que albergaba una gran cantidad de pinturas, estatuas y… huesos olvidados en un rincón.

El cementerio  estaba distribuido en tres secciones:

a) Cementerio musulmán

b) Cementerio cristiano

c) Cementerio cristiano Ortodoxo

Las tumbas databan del siglo XIX. Pero muchas de ellas se encontraban en mal estado. Muchos apellidos italianos atrajeron nuestra atención, como ya he dicho antes, pero además pudimos ver que en una de las tumbas, medio abierta, se percibían claramente las formas de unos huesos que conformaban el esqueleto de un difunto. Sentíamos que el aire de aquel cementerio tenía cadencias mucho más lejanas que un siglo XIX, como si bajo nuestros pies se albergasen, silenciosas, muchas otras fosas, santuarios, templos, osarios, y quizás lugares que antaño fueron peligrosos páramos donde el viajero pudo temer por su vida (y perderla). Edward me ofrecía su brazo todo el tiempo bajo aquel calor que nos acercaba al verano. Y todo el tiempo se transformó en mi refugio y en oyente de mis especulaciones subjetivas, llevadas por mi naturaleza inquieta y tan pródiga a dar alas a la imaginación.

Se trataba de un gran cementerio, y tras cruzar sus jardines, llegamos a lo que en su día había sido parte de la muralla árabe, y que antes había sido romana. Qué pena darse uno cuenta de que el trazado de las calles Canopis y Soma ya no estaban allí. Habían sido borradas completamente por la historia del hombre.

Pero el hombre también recuerda.

Un hombre, sentado en un banco bajo un sauce que dejaba caer esa sombra fresca tan apaciguadora de los árboles frondosos, nos explicó cómo llegar al Museo Greco Romano. Se trataba de todo un caballero.

“Caminen durante diez minutos y luego giren a la derecha.” Cuando nos alejamos, Edward y yo comenzamos a reir, preguntándonos a qué ritmo teníamos que andar para llegar a girar la calle justo después de diez minutos. Nos reíamos como hacía mucho tiempo que no lo hacíamos, y el rostro de Edward, aunque mostraba unos ojos muy vivos y punzantes, llenos de traviesos pensamientos (siempre que estaba feliz su rostro mostraba esa mirada de hombre decidido a dejarlo todo y comenzar a besar, besar…. sin que importase dónde estábamos) también me tranquilizaba, pues era algo que había estado deseando tanto últimamente. Sus ojos llenos de chispeantes sobreentendidos, sus manos tomando mi brazo, guiándome deprisa calle arriba me llevaron hasta el Cesareum y entonces imaginé lo que pudo haber sido aquel horror vivido por Hypatia, cuando una turba de monjes cristianos fanáticos la tomó por sorpresa a la salida de sus clases. Vi a mi amada Isis y a Serapis y muchos gatos por todo el recinto, pidiendo caricias. ¡Me encantaba aquel momento! No quería que se desvaneciera, los guardianes de los templos eran los mismos de las islas Griegas, aquellos silenciosos guardianes de las almas.

Cuando dejamos el Museo, volví a imaginar el encuentro de Hypatia con aquellos hombres que querían su vida. Pero esta vez yo era Hypatia, saliendo de mi clase, tomando el camino hacia la derecha. Imaginaba que era Hypatia, aquél fatídico día. Dios mío, ¡qué injusto fue lo que ocurrió!

Cruzamos la estación del tren y comenzamos a caminar y caminar a través de las calles, deteniéndonos de vez en cuando para tomar café y falafel y shawarma. Diferentes cafeterías, algunas típicas árabes, otras con acento francés, como Pastroudis y sus deliciosos croissants.

Compré un bañador, después de regatear durante un rato, frunciendo las cejas y cerrando el asunto con un apretón de manos.

Y luego… Luego el relajante baño con Edward, tras un largo, muy largo paseo por nuestros corazones y cuerpos de mazapán.

© Texto propiedad del Autor

Anuncios

4 thoughts on “Primer Viaje a Alejandría

💌 GRACIAS POR TU VISITA, Bienvenid@ !

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s