Cuatro Amigos

Hoy estaba releyendo cosas que viví en una isla maldecida por algunos, empobrecida por otros, custodiada en varios casos, vilipendiada, sufrida, entristecida, pero llena de alma, fuerza, espíritu, gallardía y valor, mucho valor. Me refiero a la isla de Haití.

Por allí vi pasar gente de amplia frente, pero también de frente estrecha, gente con muros de ignorancia, que temían cada paso que daban, y más las esquinas.

Vinieron a mi recuerdo aquellos nombres, con quienes compartí tantas charlas, tomando ron después de nuestras cenas caribeñas, nuestro café (el mejor, sencillamente)

Nombres de quienes arriesgaron su vida para dejar o llevarse una huella, un recuerdo, un triunfo.

Hoy recordaré algunos, sin saber bien dónde están ahora. Si recuerdan o no esos momentos tan hermosos que siempre llevo en mi memoria, a pesar de los disparos que, afuera, de vez en cuando se oían.

Con honor, hablo de Paone, de Daems, de Roduit,  Jean-Marie…: Un fotógrafo que se aventuraba demasiado por aquellas calles violentas, a quien llevé un día a conocer una sacerdotisa-mambo, la cual permitió que le hiciera algunas instantáneas. Ella le dejó bastante sorprendido. Yo, la miraba poner maíz en un cuenco para presencias invisibles. Aquella dama, con pañuelo blanco recogiendo sus cabellos, con esa presencia casi divina le sorprendió a mi amigo. Recuerdo que una vez, caminando por esas calles de Puerto Príncipe (donde, según un amor perdido, nunca se vio pasar ningún príncipe), Paone vió una escena triste y dolorosa: sin poner detalles, se trataba de una de las tantas escenas tristes y míseras de la isla. Fotógrafo de profesión, viajando a muchos lugares sufridos, su reflejo automático fue coger la cámara para fotografiar. Dentro de mí, yo me enfadaba, me sentía herida, porque la miseria no se vende, no se puede vender en ninguna exposición. Eran tiempos difíciles. Y él, acercó su mirada al objetivo y…. rompió casi a llorar, dejó la cámara colgando de nuevo de su hombro y me comentó que no podía hacer esa fotografía.

Yo entonces comprendí que Paone era ya mi amigo.

Daems, aquel joven muchacho con el cual congenié enseguida, con el cual compartí risas casi histéricas, horas de charlas sin reloj, con quien hice algo positivo en el orfanato, haciendo reír a los niños de caras tristes. Haciendo teatro y magia potagia… Daems vino para visitar el lugar donde un tío suyo había pasado años como sacerdote de una comunidad religiosa belga. Daems, con su libro de J.J. Benítez, leyendo sobre chamanes, yo sin saber que se interesaba por alguna cura para una amiga común con sida. En aquel tiempo vivíamos intensamente cada segundo, aunque estuviésemos relajados, nuestra mente y espíritu estaban siempre alerta, en movimiento constante, a cien por hora.

A veces pienso que en algún momento me enamoré y desenamoré de Daems. No olvidaré cuando se fue como tampoco sus lágrimas. A él le gustaba divertir a los demás, era un número uno en ese terreno. Solíamos reunirnos varios amigos a cenar y él siempre hacía que dejara la mesa porque… sus bromas eran las apropiadas para mí, no se cómo lo hacía, a veces sin hablar. Y al final se fue a trabajar a un circo de payaso. Si ya lo decía yo.

Roduit era mi alter ego, mi medio hermana, mi voz en el desierto. Con ella conocí lugares que nunca podré olvidar: un río y un mar que se dan la mano, un bosque de palmeras que casi llegan al cielo, una playa sin nadie más que nosotras y algunos pescadores en Gelée, en St Marc, La Gonâve, Jérémie… Nos leíamos los mismos libros y comentábamos sobre ellos, y así se nos pasaban las horas. Nos íbamos a un carnaval sin turistas, y nos reíamos medio asustadas de aquellas máscaras de leones, tigres, leopardos, que aparecían de la oscuridad bajo velas encendidas como por arte de magia. Vivíamos intensamente.

Roduit me llevó a pasear una mañana, cuando el golpe de estado me había llegado a producir náusea emocional, y fue con ella con quien me encaré contra alguien que empuñaba un arma contra mí, para amedrentarme, para que me fuera, para que aprendiera que el golpe de estado envalentonaba incluso hasta a un vigilante. Ella me daba ese valor en silencio. Ella también me hizo ser fuerte para coger un barco e irnos a una isla en otra isla, cuando una semana antes una tragedia en un barco (en aquel mismo lugar) había hecho naufragar a muchos haitianos. Mientras lloraba, mareada en aquel barco, ella me ofrecía azúcar y a mi derecha un gentleman de Michigan me ofrecía su pañuelo, y las olas no cesaban de crecer. El regreso … el regreso es uno de los recuerdos más emocionantes que tengo, navegando al alba, cantando Lía de Ana Belén y El Cant dels Ocells, (los haitianos del barco, medio dormidos se despertaron y me pidieron Cántalas una vez más…)

Jean-Marie, ese amigo que venía con nosotros de excursión, el padre que recogía hierbas medicinales a nuestro paso por las altas montañas de Kenskoff, con esa niebla y frescor especial que hacía languidecer el calor del trópico. Me llamaba a lo lejos y me decía He cogido esto y esto y esto para ti… Esa mano sincera que me saludaba por las mañanas, el amigo de Cuba y amante de la hermandad entre islas… El que una noche fue asesinado en plena calle, ametrallado, mi pobre amigo Jean-Marie… A él le debo seguir siendo fuerte, porque en aquella isla uno aprende mucho, esas cosas que no se enseñan en los libros.

Porque… a pesar de ver una isla herida, yo siempre sentí que los ángeles la sostenían.

Texto ©ConMuchoGarbo

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14 thoughts on “Cuatro Amigos

    1. Cómo estás? Yo bien, pero casi ausente por estos días, quizás porque a veces hay tanto que decir que uno no puede articular palabra, o está casi metido en un caparazón con todo lo que va cayendo afuera que ….. descontrola el alma y el espíritu. Besitos.

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  1. Me has dejado puff. Son unos pensamientos muy íntimos es es como formar parte de ellos lo que es un honor muy grande el que haces Carmen,
    Recuerdos que nos traen la añoranza del pasado,
    lágrimas por aquellos que un nunca nos dejaron..
    Besos.

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  2. Hola querido Anton, son pensamientos que siempre llevo conmigo, tuve amigos muy especiales, y vivimos momentos bastante intensos en aquella isla. Es bueno recordar y recordarlos. Estén donde estén, ahí va mi dedicatoria.
    Besos y abrazos y gracias por el café en FB! 😀

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  3. Esos amigos y esa experiencia son especiales para ti y es un honor que nos lo compartas.
    Por un momento me fui a esa isla, que ni en sueños he visitado, pero que la describes muy interesante.
    Gracias Carmen,
    Ha sido un placer leerte,
    Y conocer de ti, la persona interior que tú eres
    Posees una gran belleza de corazón, y bueno, que te puedo decir, sólo que
    Me ha encantado estar aquí,
    Un abrazo sincero y besos

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    1. Hay mucho que contar sobre ese lugar. Pasé casi diez años allí, y eso no es poco, creo yo. Me hizo ver cosas como nunca antes lo había hecho. Seguiré escribiendo sobre la isla de vez en cuando. Gracias por tus palabras. Será porque una parte de tí es también así. Abrazos!!

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  4. Emotivo relato. No he estado nunca en Haití, pero le tengo bastante cariño a ese trocito de planeta. Ya tu sabes que el Oriente cubano está muy cerca; desde Punta Maisí solo la separa de Cuba el Peine de los Vientos. Luego del terremoto de 2010 y la epidemia del cólera, también yo escribí sobre el país que comparte isla con la República Dominicana. Te dejo unos enlaces por si tienes tiempo y ganas de leer mis palabras. Salud(os).

    http://www.lajiribilla.co.cu/2010/n454_01/454_41.html

    https://baragua.wordpress.com/2010/12/29/cuba-haiti-cuba-salda-en-haiti-su-propia-deuda-con-la-humanidad/

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    1. Gracias, sí que me los leeré. Cuando Aristide se abrieron lazos de hermandad entre Cuba y Haití. Luego hubo el golpe de estado… y se truncó. Estuve presente en varias de estas iniciativas a través de la embajada de Cuba en Haití. Qué tiempos aquellos. Un abrazo.

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